MARIE CLAIRE SPAIN
ACTORES DE LUJO ASIÁTICO
LAS LOCURAS DEL «STAR SYSTEM» INDIO
Agosto 1994
ROSA LOPEZ
Dirección artística: M. Jesús López Criado

En los estudios de Bombay se producen al año más películas que en Hollywood. Este «Bollywood» indio tiene sus propias estrellas rutilantes, «glamourosas» y millonarias. Hay Rambos, Garbos y familias enteras de Barrymore. Las películas más populares son las de acción -artes marciales incluidas- y los melodramas, últimamente más sexys y más violentos de lo habitual.

Rekha es la estrella más taquillera de «Bollywood» y la gran dama del cine indio. Vive en una fabulosa mansión en Pali Hill y el público la considera un personaje formidable, con una vida sensacional cuyos detalles se encarga de airear la prensa local. Rekha (cuyo nombre significa «rayo de luz» en sánscrito) es la reina del «box office» indio. En los ochenta trabajó sin descanso en innumerables películas de éxito y ahora en los estudios todos la llaman «madam» y ella puede permitirse el lujo de elegir entre los proyectos que le proponen. «Una vez trabajé en treinta y tres películas al mismo tiempo, pero ya no tengo necesidad de hacerlo.» Rekha no tiene grandes pretensiones de actriz: «No teníamos dinero y fui a Bombay a hacer una película. Lo demás fue cuestión de suerte. Aquí no se puede ser Meryl Streep y triunfar en la industria del cine».


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Rekha Llegó a Bombay para hacer una película y se convirtió en la gran estrella del cine indio de los ochenta. Ahora es fabulosamente rica y cuenta con legiones de admiradores en un país que todavía cultiva el «star system». Ha llegado a rodar treinta y tres películas a la vez, pero ella no se considera una gran actriz.

En la India el cine sigue siendo lo que fue en un principio, un espectáculo colectivo que apasiona a las masas. Hay más de diez mil salas -sin contar los cines improvisados que se montan por los pueblos- y están siempre abarrotadas de un público fiel, con familias enteras; espectadores que entran y salen, increpan a los actores, insultan al malo y jalan al bueno, ríen, lloran, aplauden o silban, comen, duermen o alimentan a los numerosos (y ruidosos) bebés. El público de la India -como el del resto del Tercer Mundo- adora el cine y es uno de sus espectáculos favoritos.

En lo que las revistas llaman «Bollywood» se producen al año entre ochocientas y mil películas, casi el doble que en Estados Unidos o Japón. Son larguísimas y muy parecidas entre sí porque al público indio le gusta saber de antemano lo que va a suceder. Los melodramas siguen un esquema casi idéntico de una película a otra, al estilo de los «culebrones» latinoamericanos. Los números musicales nunca faltan porque se comprobó que, si no había música, el público se amotinaba. Los malos son malísimos; los buenos, buenísimos, y los actores y actrices, semidioses a los que la gente adora, pero a los que no permite que se salgan del tipo de papel que les ha hecho famosos.


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The Vamp En el cine indio, los malos son tan famoso y tan populares como los buenos. Nadira the Vamp es una de las personalidades más veteranas de una cinematografía que encasilla a los actores en personajes que son siempre fijos.


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Shashi y Sanjna Kapoor Los Kapoor, una dinastía de actores, están considerados como los Barrymore de su país. Shashi es el actor indio más conocido en las pantallas de Occidente, por su trabajo con el director británico James Ivory. Sanjna es hija de Shashi y de la actriz inglesa Jennifer Kendall.


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Amrish Puri Al público le encanta insultar a Amrish Puri en cuanto aparece en la pantalla. Es el malo más famoso de la India, conocido en Occidente por su papel de pérfido sacerdote en «Indiana Jones y el templo maldito». Trabajó como funcionario hasta que se decidió a matricularse en una escuela de arte dramático. Desde entonces ha intervenido en más de cincuenta películas y docenas de obras teatrales. Es un personaje importante en la industria y un actor muy respetado.

Los malos son tan populares como los buenos. El malo más famoso de la India es Amrish Puri, una cara familiar en Occidente por su papel de pérfido sacerdote de Kali en la película de Spielberg «Indiana Jones y el templo maldito». Se le conoce por ser la encarnación viviente del mal y, en cuanto sale en la pantalla, el publico le insulta, feliz de ver a su malo favorito intepretar con tanta convicción el papel que le ha caído en suerte. «En América -cuenta Sanjay Dutt, un actor encasillado en los papeles de héroe-, uno interpreta personajes supuestamente reales; aquí estamos en un mundo de fantasía. A las masas les gusta ver a Sanjay, el hombre del pelo largo; eso es todo.» Como el resto de los actores de «Bollywood», es un fanático del trabajo: «Ayer empecé a las nueve de la mañana y terminé a las seis de rodar unas escenas de acción, luego cené y fui a grabar una canción para otra película; en total estuve trabajando hasta la una de la madrugada. En todo el mes sólo he tenido un día libre». El cine indio ha sido una industria muy activa prácticamente desde los años treinta. La afición viene de antiguo y se remonta a los orígenes del cine. La primera sala -el Elphinstone Cinema- abrió en Calcuta en 1907. En 1920 ya se producían unas treinta películas al año y hay títulos que nunca han perdido el favor del público, como «Mother India» (el equivalente indio a «Lo que el viento se llevó»), que se lleva proyectando interrumpidamente desde 1957.


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Sreedevi y Salman Khan Son la pareja romántica por excelencia. A Sreedevi la consideran una de las máximas bellezas de la pantalla -tanto, que muchos actores se niegan a trabajar con ella porque los eclipsa- y es una de las mejor pagadas: gana cien mil dólares por película. Salman es uno de los chicos de moda.


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Sanjay Dutt Hijo de la Garbo india, Nargis, y del también actor Sunil Dutt, es uno de los Rambos del momento, un prototipo del guapo de moda, seductor y experto en artes marciales. Vive en una casa fabulosa en Pali Hill, el Bel Air de Bombay.


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Madhuri Dixit Su vida amorosa es uno de los temas que apasionan al público. Se la podría considerar una especie de Ana Obregón india (aunque parece que ha tenido más suerte, por lo menos en lo que al cine se refiere). También procede de una familia de clase alta y estudió ciencias biológicas antes de decidir ser actriz. Su madre ejerce de mamá de artista al estilo tradicional y la acompaña en todos los rodajes.

Por lo general, el tipo de películas más popular tiene muy poco que ver con el estilo de Satyajit Ray, el cineasta indio más famoso y prestigioso en Occidente. Sus películas resultan demasiado «occidentales» para el gusto local. Los argumentos que más entusiasman al público -adornados con abundantes elementos del folklore y la tradición- giran siempre en torno a las aventaras del protagonista, un chico pobre que padece problemas financieros crónicos y obtiene la mano de la chica, a pesar de la oposición de los parientes y las maniobras de los malos, contra los que tiene que librar batallas inverosímiles. Las pasiones son siempre exaltadas. Hasta hace poco, los besos estaban prohibidos y la violencia era más bien simbólica y ornamental. Pero, últimamente, los melodramas se han vuelto más sexys y las películas de acción, más sangrientas, y no faltan los pesimistas que vaticinan el inminente colapso de la sociedad india por culpa de esta afición popular al cine «moderno».


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